Las enfermedades animales siguen constituyendo uno de los grandes problemas de la producción animal con vistas tanto al desarrollo del comercio como a la lucha contra la pobreza y en pro de la salud pública. Los sistemas de sanidad animal son complejos por la diversidad de las partes que intervienen en ellos y por la evolución del contexto, marcado sobre todo por la redefinición de los papeles respectivos del sector público y el privado. Por ello a menudo resulta difícil evaluar el rendimiento global, en términos de eficacia médica, económica y social, de los sistemas y subsistemas zoosanitarios. Además, la necesaria fiabilidad de la información sanitaria obtenida lleva a conceder a regiones y países un determinado estatuto con respecto a ciertas epizootias, hecho que impone un alto grado de normalización y conformidad con las normas internacionales. De ahí que sea necesario estudiar a fondo los sistemas alternativos, comparando sus resultados con los de los sistemas convencionales. Un sistema de sanidad animal se concibe como un todo y su rendimiento debe evaluarse de manera global, en función de los mercados de productos y teniendo en cuenta los objetivos e intereses, a veces contradictorios, de todas las partes implicadas. Existen pues numerosas necesidades y líneas de investigación, de entre las cuales cabe destacar las siguientes: – métodos, datos e instrumentos necesarios para evaluar la eficacia de los sistemas, con definición de indicadores fiables; – demostración de que existe determinismo en el estado sanitario futuro de los rebaños, lo que a su vez permite cartografiar los marcadores de riesgo y las necesidades zoosanitarias; – concepción y gestión de sistemas de información sanitaria realizados y armonizados con aportación de medidas fidedignas de los indicadores de salud; – función, organización y eficacia de los sistemas participativos de vigilancia; – definición y eficacia de los contratos de sanidad animal, por ejemplo las acreditaciones zoosanitarias entre Estado y veterinarios privados; – funciones y cometido de los auxiliares zootécnicos; – elaboración de métodos de evaluación y de normas que tengan en cuenta las características propias de los países del Sur y puedan servir para certificar y acreditar los sistemas alternativos. Más tarde, con ayuda de indicadores predefinidos, será posible poner a prueba la eficiencia de los sistemas (repercusiones directas, estudio de la relación costo/beneficio) y concebir a partir de ahí un conjunto de instrumentos que sirva para guiar su aplicación, teniendo en cuenta sus ventajas e inconvenientes según el contexto local. Aunque supone una inversión a largo plazo, la investigación sobre la evaluación de sistemas zoosanitarios es la vía segura hacia una certificación de calidad que haga posible el desarrollo y la seguridad de los mercados de productos de origen animal.