En Kenia, la práctica veterinaria privada tiene más de medio siglo de existencia. Desde principios de los años treinta hasta mediados de los sesenta, los servicios clínicos y de asesoramiento estaban destinados casi exclusivamente a las explotaciones ganaderas industriales y de producción lechera. El Departamento de Servicios Veterinarios (VSD) se ocupaba sobre todo de prestar servicios reglamentarios en esas áreas. Hasta mediados de los sesenta, las responsabilidades veterinarias del sector público tocaban principalmente a la prevención de enfermedades de declaración obligatoria fuera de las áreas de ganadería industrial. A raíz de un gran programa de reforma agraria iniciado en 1954, Kenia puso en marcha una vigorosa campaña dirigida a agricultores minifundistas para promover la aparición de una industria lechera en las zonas más húmedas del país. En su afán de estimular el desarrollo del sector lechero, el VSD decidió dispensar algunos servicios, principalmente el control de garrapatas y la inseminación artificial subvencionada. Estas acciones de apoyo tuvieron gran influencia en el desarrollo de la industria lechera ‘de minifundio’. 

En 1963 tocó a su fin la administración colonial, y con ella dejaron el país la mayoría de los veterinarios privados. De ahí que se tomara la decisión de asignar temporalmente al sector público, y concretamente al VSD, la responsabilidad de prestar servicios de interés ‘privado’ como la práctica clínica, decisión que se acompañó de un importante esfuerzo de formación y despliegue de personal veterinario y paraveterinario. En 1988, los costos de personal ascendían ya a más de un 80% del presupuesto ordinario, lo que dejaba escaso margen para los gastos de funcionamiento. Ello impuso un cambio de orientación política, que se tradujo en una menor participación del sector público en la prestación de servicios de sanidad animal. Como se esperaba, el sector privado respondió adecuadamente a la nueva situación. En 1994, la Asociación de Veterinarios de Kenia (KVA) puso en marcha un plan de privatización (denominado ‘Kenya Veterinary Association Privatisation Scheme’) por el cual ofrecía créditos a sus miembros para que se instalaran a título privado. La primera fase del plan (1994-1996) se saldó con éxito, y con un índice de reembolso de los préstamos del 100%. La segunda fase del proyecto (que arrancó en 1997) vino marcada por un escaso número de solicitudes de préstamo, cosa que incrementó los costos de gestión por unidad de crédito. Durante esta fase se registraron además casos de impago de las cantidades adeudadas. Mientras que en las zonas de alta pluviosidad y ganadería intensiva la práctica veterinaria privada llegó a arraigar, no ocurrió otro tanto en las regiones áridas y semiáridas, donde el personal zoosanitario de ámbito comunitario desempeñó un papel destacado en la prestación de servicios de sanidad animal. La heterogénea formación de esas personas, sin embargo, impedía que fueran reconocidas por el Consejo Veterinario de Kenia (KVB). Ahora, sin embargo, el KVB, el Director de Servicios Veterinarios y la KVA han suscrito un acuerdo en virtud del cual se interrumpe la formación de personal zoosanitario comunitario y se mantiene al personal existente, al que se dispensa nueva formación para que desempeñe labores de vigilancia y notificación de enfermedades en zonas áridas y semiáridas. La práctica veterinaria privada, en definitiva, se ha implantado con éxito en las áreas de gran potencial agrícola. Para que esa dinámica se extendiera a zonas más marginales, en cambio, harían falta incentivos o subvenciones.