Los sectores de la industria ganadera que se dedican a criar animales y producir leche, carne o huevos deben responder a dos demandas, una expresada por los consumidores y otra vehiculada por la opinión pública. En lo tocante a los consumidores, la demanda de alimentos procedentes de la industria ganadera ha ido aumentando paulatinamente a lo largo de un siglo. En los últimos decenios son los países en desarrollo los que han sustentado este crecimiento, centrado básicamente en la producción porcina y avícola, cuyos productos son más baratos. Respecto al gran público, la sociedad se muestra cada vez más preocupada por las condiciones en que se cría, transporta y sacrifica a los animales. La opinión pública exige no sólo que se combatan y castiguen los malos tratos sino también que se evite todo sufrimiento innecesario e incluso se garantice un cierto nivel de ‘confort’ a los animales. La sanidad de los animales, que es el principal ingrediente de su bienestar, ha mejorado sobremanera, al igual que el tratamiento dispensado a los ejemplares enfermos o heridos. Al mismo tiempo, los servicios punteros que se utilizan para criar, transportar y sacrificar a los animales están ayudando a erradicar situaciones que se acompañaban de altas dosis de tensión y sufrimiento. Por último, deben tenerse muy en cuenta las motivaciones de los ganaderos y la seguridad de quienes trabajan con el ganado. La formación del personal y la aplicación de manuales de buenas prácticas o de control de calidad hacen tanto por el bienestar animal como el más implacable de los reglamentos.