Las enfermedades priónicas constituyen una singular categoría de dolencias que afectan tanto a los animales como al hombre y cuya patogénesis guarda relación con el cambio de conformación de una proteína del propio organismo, que pasa de la llamada forma celular (PrPC [proteína priónica celular]) a una conformación patológica e infecciosa denominada forma priónica (PrPSc [en inglés, “scrapie form”]). En la actualidad no hay tratamiento eficaz para ninguna de esas enfermedades, que resultan invariablemente fatales. La aparición de la encefalopatía espongiforme bovina y de la variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob ha hecho más necesario que nunca encontrar posibles terapias. En el caso de la enfermedad de Alzheimer, que presenta similitudes con las afecciones priónicas, se ha demostrado que en modelos animales la inmunización tanto pasiva como activa resulta muy eficaz para prevenir la enfermedad y las consecuentes deficiencias cognitivas. En el curso de un ensayo de vacunación activa contra la enfermedad realizado en seres humanos, y pese a ciertos signos que indicaban beneficios cognitivos en pacientes con una buena respuesta humoral, se observaron importantes complicaciones ligadas a una respuesta excesiva de inmunidad celular en un 6% de los pacientes. Esa experiencia pone de manifiesto que las terapias inmunológicas dirigidas contra un autoantígeno deben hallar un delicado equilibrio entre la búsqueda de eficacia de la respuesta inmunitaria humoral y el riesgo de toxicidad autoinmune. En muchas enfermedades priónicas el intestino es la vía de entrada del agente infeccioso, lo que hace de la inmunización de las mucosas un método en potencia muy atractivo para prevenir, parcial o totalmente, la penetración de un prión a través de la barrera intestinal y también para inducir una respuesta inmunitaria modulada poco susceptible de generar toxicidad. Los resultados obtenidos recientemente por los autores (con una cepa vacunal de salmonelas atenuadas que expresan la proteína priónica) demuestran que la inmunización de las mucosas puede conferir protección parcial contra las infecciones priónicas procedentes de una fuente periférica, lo que lleva a suponer que se trata de un método viable.