Resumen (continuación)
Los tábanos pueden transmitir el virus de la AIE durante al menos 30 minutos después de alimentarse de un caballo con signos de AIE aguda, pero la probabilidad de que un tábano sea interrumpido en su toma y vaya a completarla alimentándose de la sangre de un segundo hospedador situado a 50 m de distancia es muy escasa, por lo que una separación de 200 m entre los équidos infectados y los no infectados basta para interrumpir la transmisión. Estas aseveraciones parten de la premisa de que no hay intervención humana o de que esta no contribuye al riesgo de transmisión. Sin embargo las intervenciones humanas, como la demasiado socorrida administración a los potros de más de 200 ml de plasma, pueden fácilmente acarrear un riesgo más de 107 veces mayor que el que presenta un solo tábano. La lucha contra la AIE reposa en la detección de équidos aquejados de infección persistente mediante pruebas serológicas, pues los otros métodos para detectar la presencia de virus infecciosos o de su material genético resultan menos exactos o inviables.