Las instituciones veterinarias en el mundo en desarrollo deben adaptarse a los desafíos del incremento de la producción animal, del comercio y de los movimientos de animales y productos de origen animal, factores que a su vez incrementan considerablemente el riesgo de transmisión de enfermedades animales y zoonosis. Esta adaptación se deberá realizar en un contexto de cambios importantes que afectan el papel de los servicios públicos y privados, y que se traducen en una reducción del presupuesto y del apoyo otorgados para realizar muchas tareas de las que tradicionalmente se ocupaban los servicios públicos. Se modificó sensiblemente la división de responsabilidades entre proveedores de servicios públicos y privados y entre profesionales (con estudios universitarios) y paraprofesionales.

Este número especial de la Revista científica y técnica de la OIE (Organización Mundial de Sanidad Animal) hace balance de las experiencias realizadas hasta la fecha y de esos planteamientos alternativos. Un grupo de expertos que han participado en la implantación de sistemas alternativos de servicios zoosanitarios hacen balance de su experiencia. Aunque se otorga especial importancia al África subsahariana, porque es la región donde más se deja sentir la necesidad de instaurar sistemas alternativos, no por ello se olvidan los demás continentes. También se ofrecen varios ejemplos de instituciones veterinarias de países industrializados y se describe su evolución histórica con objeto de reflexionar sobre el modo en que esos sistemas podrían funcionar si fueran trasplantados a un país en desarrollo. A la hora de valorar determinada experiencia, y en función de cual sea su trayectoria personal, cada autor privilegia uno u otro aspecto de la cuestión: efectos directos sobre la salud animal, posibles consecuencias para la salud humana, nivel de equidad en favor de los diferentes beneficiarios y posibilidades de beneficiar a los ganaderos pobres u observancia de las normas sanitarias ligadas al comercio.

Esta publicación ayudará a las autoridades veterinarias competentes a concebir sistemas zoosanitarios más eficaces, que contribuyan a perfeccionar la vigilancia y notificación de enfermedades animales y zoonosis y ofrezcan con ello una vida mejor a los 600 millones de pequeños ganaderos del mundo en desarrollo, abriendo nuevos mercados para sus productos y protegiendo y mejorando la salud pública.