Hay otros factores que pueden complicar la epidemiología, como la posibilidad de que las poblaciones de conejos salvajes alberguen virus no patógenos afines al agente etiológico de la enfermedad. Queda por desentrañar además la forma en que el virus logra persistir de un año al siguiente, aunque se sabe que quizá lo haga en el interior de conejos portadores. Hoy en día se conoce suficientemente la epidemiología de la enfermedad como para considerar la posibilidad de manipular poblaciones de conejos para modificar las pautas epidemiológicas y maximizar o minimizar así la mortalidad causada por la enfermedad. Ello ayudaría a gestionar las poblaciones de conejos salvajes, ya fuera con la idea de protegerlas o de luchar contra la plaga en que a veces se convierten.