Los bancos de antígenos y vacunas constituyen reservas de material inmunógeno listas para ser formuladas en forma de vacuna (antígenos a granel) o para uso inmediato (vacunas) en caso de necesidad de una de las partes interesadas en el banco. Esas reservas fueron instituidas (básicamente por países europeos libres de fiebre aftosa) con el fin de luchar contra episodios inesperados y graves de fiebre aftosa una vez prohibidas las vacunaciones sistemáticas a partir de los años noventa. Por varias razones, incluyendo la falta de antígenos adecuados o de pruebas discriminatorias que se pueden utilizar en caso de la vacunación de emergencia, tales bancos no han sido hasta ahora desarrollados para controlar otras enfermedades transfronterizas, aunque durante los últimos años la Comunidad Europea ha reservado bancos de vacunas para apoyar las medidas de control para lengua azul o peste porcina clásica. Los antígenos del virus de la fiebre aftosa de esos bancos se almacenan a temperaturas muy bajas (en general –130°C) para garantizar un tiempo de conservación mínimo de cinco años, frente al año o dos años de vida que presentan las vacunas a +4°C. Un volumen de 50 litros de antígenos a elevada concentración puede contener hasta 15 millones de dosis para ganado vacuno, según las especificaciones normativas sobre potencia farmacológica que figuran en el Manual de pruebas de diagnóstico y vacunas para animales terrestres de la OIE. Los especialistas sanitarios en fiebre aftosa tienen la responsabilidad de seleccionar tanto las cepas de origen de los antígenos y vacunas que se conservarán en un banco como las cepas apropiadas para vacunaciones de emergencia. Los autores examinan el uso de pruebas serológicas para distinguir en la población vacunada los animales infectados, distinción indispensable para el reconocimiento del estatus de “libre de fiebre aftosa”. Además, los autores destacan las ventajas y desventajas técnicas de los bancos de antígenos y de vacunas en general. Por último, presentan la experiencia de la Unión Europea (UE) a la hora de organizar, renovar y gestionar desde 1993 un banco de antígenos de la fiebre aftosa de un volumen considerable, y describen su empleo en actuaciones internacionales fuera del territorio de la UE.